Desayuno

Se puede viajar casi gratis. Solo es cuestión de facha. Lo difícil debe ser mantenerse más o menos aseado por el tiempo que dure. Lo probé en un hotel de cristal azul en una esquina del centro Miami una mañana de enero de 1994. Estaba aburrido y se me ocurrió que era el día para intentarlo. Entré como uno más y me senté en una mesa a desayunar lo más Pancho. Probé el buffet completo. Al salir dí cualquier número creíble y se acabó la historia. Se pasó también el vértigo de desayunar de polizón en un hotel cinco estrellas. Es la clave del experimento: cuantas más estrellas y más lujo, menos preguntas te hacen. Y el hotel tiene que ser grande además de bueno.