31 de diciembre de 2023

Bisiesto

Los días se alargan y se acortan, el sol se aleja y se acerca, las noches siguen a los días... y las plantas y los animales perciben mejor que los seres humanos la cadencia anual del planeta. Los seres racionales hemos intentado expresar esos cambios con cálculos, números y letras. Cada cultura tiene su sistema, relacionado con la religión, con la naturaleza, con la política o la razón; y no le extrañe que aparezcan terraplanistas o antivacunas a poner en tela de juicio hasta la extensión de los años.

El sistema universal con el que contamos los años, los meses, los días y las horas, es el calendario juliano-gregoriano. Creado por Julio César 46 años antes de Cristo y modificado por el papa Gregorio XIII en 1582.
Antes del 46 AC, el año romano contaba 304 días divididos en diez meses (seis de 30 días y cuatro de 31), y cada dos o tres años, agregaban un mes para volver a cuadrar las estaciones. Cuando Julio César decretó el año de 365 días, los egipcios llevaban 15.000 años sumando la misma cantidad: el Nilo crecía puntualmente todos los años y les marcaba las fechas casi con tanta precisión como la luna y el sol.

Julio César contrató a un sabio egipcio que sabía bastante de cuadrar fechas y sobre todo encajar las fiestas que jalonaban el año. El 44 antes de Cristo fue el primer bisiesto, porque ya sabían también que cada cuatro años había que agregar un día si no querían que el invierno se volviera otoño. El día que se agregaba era un segundo 24 de febrero, seis días antes de marzo: ante diem sextum kalendas martias, y como en esos años había dos 24 de febrero, el segundo se llamaba bis sextus.

Después se metieron con los meses y los días que tiene cada uno, pero nunca cambiaron la cantidad de días del año ni el bisiesto cada cuatro. Octavio Augusto le puso su nombre al sexto, que ya no era sexto sino octavo, imitando la decisión del Senado de ponerle el nombre de Julio César al quinto, que ya tampoco era quinto sino séptimo.

Para los sabios egipcios que trabajaron para Julio César, el año tenía 365 días y 6 horas, por eso lo arreglaban cada cuatro. Pero con los siglos, los años se volvieron a desfasar. Es que, bien calculado, el año tiene 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Ese arreglo tuvo efecto bajo en pontificado de Gregorio XIII, que decretó que había que comerle diez días al calendario, y la orden se cumplió la noche del 4 al 15 de octubre de 1582. Como fue después de la Reforma y hacia tiempo que los orientales no obedecían al Papa, no todos acataron al Papa y tardaron en aceptar los cambios. Sin ir más lejos, en 1616 todavía los ingleses no tenían las mismas fechas que los españoles, y por eso no es verdad que Shakespeare y Cervantes murieron con pocas horas de diferencia y sí es verdad que uno murió el 22 y otro el 23 de abril de 1616. Otra curiosidad tiene que ver con la muerte de Teresa de Ávila, que no se sabe bien qué día fue porque partió justo la larga noche del jueves 4 al viernes 15 de octubre de 1582.

Pero la reforma gregoriana no solo fue comerse esos días de 1582. Habían hecho bien los deberes –¡con los relojes de esa época!– para compaginar en lo posible los tiempos de la rotación de la tierra con la traslación alrededor del sol. Así que establecieron como bisiestos (de 366 días) los años divisibles por 4, pero exceptuando los múltiplos de 100, de los que se exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400; por eso 2000 no fue bisiesto y sí lo será 2400, pero no pensamos estar para certificarlo. Divisible por 4 es 2024, así que tendrá un día más y también Juegos Olímpicos, otro acontecimiento que ocurre en los bisiestos, siempre que no haya pandemia ni guerra mundial.