20 de noviembre de 2022

Disparates argentinos

Viajé a Buenos Aires en avión por el mismo precio que el ómnibus premium: nunca sé si los vuelos son baratos o los ómnibus son caros... Cuando llegaba al aeropuerto de Posadas con mi valijita para iniciar el vieje, caigo en la cuenta de que había salido de mi casa sin nada de efectivo. Como por suerte tenía la Sube de Buenos Aires, sabía que podría viajar en colectivo y en tren sin necesidad de efectivo, por lo menos hasta que encontrara un cajero. Es lo que hice desde el Aeroparque Jorge Newbery, pero con tanta mala suerte que justo esos días los trenes no llegan a Retiro por una obra grande que están haciendo en las vías.

Encaré el Subte en Retiro con la idea de llegar hasta Cabildo y Congreso y tomar después el 60 del Alto hasta Martínez. Como buen pajuerano me puse a ver el mapa de la red de subterráneos para confirmar el lugar de la combinación. Volví a constatar otro de los disparates argentinos: el Subte de Buenos Aires tiene nombres distintos en estaciones superpuestas y el mismo nombre en distintas estaciones, cosa de complicarle la vida lo más posible a los inocentes pasajeros. De paso me enteré de que les están cambiando el nombre a algunas estaciones, así que se puede abrigar la esperanza de que le pongan Obelisco a las tres estaciones que están ahí abajo: Carlos Pellegrini (línea B), Diagonal Norte (línea C) y 9 de Julio (línea D). Lo curioso es que las líneas B y D tienen estaciones Callao y Pueyrredón donde se cruzan con esas avenidas de Buenos Aires, pero una lo hace por debajo de Corrientes y la otra por debajo de Santa Fe. No me diga que no es un disparate que las estaciones se llamen distinto si están en el mismo lugar y que se llamen igual si están en sitios diferentes.


Después del Subte vino el Metrobús. Ese gran invento de Curitiba que se ha extendido por toda nuestra América y que ya se ha instalado en casi todas las avenidas de Buenos Aires. Es un carril exclusivo para los colectivos, con estaciones bien precisas para subir y bajar. Las estaciones tienen techo y hasta wifi, además de buena información sobre las líneas que pasan por ellas. Pero aquí el disparate es que ese sistema de carriles exclusivos no es un invento de los curitibanos y existía en Buenos Aires hace 60 años: se llamaba tranvía y no consumía combustibles fósiles porque era eléctrico, y tampoco quemaba cubiertas contra el pavimento porque usaba vías y ruedas de acero. Ahora no me diga que no es un disparate que hayamos inventado algo que ya estaba inventado, pero que además era mucho más cuidadoso con el medio ambiente cuando a nadie le preocupaba el medio ambiente.

En Posadas tenemos también algunos disparates, como el reloj que da la hora exacta dos veces al día. Está en la plaza del Mástil, donde la avenida Uruguay se topa con la Mitre. Hace rato que en esta columna me ocupo de ese y de los otros relojes de la ciudad que no dan ninguna hora porque funcionan a destiempo, mientras que el del Mástil lleva parado como diez años. Así que ninguno de los relojes públicos de Posadas marcan la hora, pero sí marcan el desinterés de las autoridades municipales. Un reloj que no da la hora es la cosa más inútil que hay, tanto que si no los piensan arreglar sería mejor sacarlos; claro que también los pueden reparar y mantenerlos, que es lo que hace cualquier municipio del mundo con sus relojes públicos si tienen un poco de sensibilidad por su gente.

Aunque hay muchos otros disparates, menciono ahora el recurrente de los semáforos de Posadas. Insisto en esta columna hace años en que es un disparate poner los semáforos antes de atravesar la calle y no después, de modo que se puedan ver sin problemas y también que se puedan hacer efectivas las fotomultas, ya que es imposible probar que uno pasó en rojo una vez que ya pasó, pero además es un contrasentido poner la línea blanca de detención donde es imposible ver el semáforo. Un disparate que podría empezar a dejar de serlo si colocan en el lugar correcto los nuevos semáforos de la Travesía Urbana en la antigua Ruta 12.