Guardia de tránsito

El día de Navidad por manejar distraído seguí de largo casi hasta Ezeiza en lugar de tomar el Acceso Oeste que va a Luján. Así que volví por el Camino de Cintura que debía comunicar la autopista a Ezeiza con el Acceso Oeste. En Buenos Aires, como en casi todo el mundo, el día de Navidad no hay gente en la calle. En esos días el calor se vuelve africano, el aire encandila y la vista se nubla por la resaca.

Los carteles que dicen Morón, mi destino según el mapa de mi cabeza, desaparecieron en un pueblo que nunca sabré cuál es. Los suburbios de Buenos Aires son fáciles para los que viven en cada lugar y a nadie le importa que no haya carteles o que estén dados vuelta. Ellos ya saben más que los carteles.

En un momento supe que andaba por Ituzaingó pero nunca sabré si supe bien.

Me parecía que después de Ituzaingó viene Morón y que el Acceso Oeste tenía que estar ahí nomás.

Pero estaba irremediablemente perdido cuando me encontré con un señor que dormitaba abajo de un eucalipto y adentro de un auto que en su puerta tenía un cartel circular: Municipalidad de Morón - Policía de Tránsito.

-Estoy buscando el Acceso Oeste, le supliqué.
-Tiene que girar en la próxima a la derecha, después de nuevo a la derecha y ya va a ver los carteles, me explicó mientras se incorporaba agarrando el volante.
-La primera a la derecha y después de nuevo a la derecha, confirmé mientras señalaba la bocacalle que se abría a la derecha a unos 80 metros.
-Si.

Tomé la primera a la derecha y después a la derecha. El único cartel que encontré fue otra flecha que me obligó a girar otra vez a la derecha y a encontrarme con el guardia de tránsito de Morón que había vuelto a reclinar su butaca.

-Creo que entendí mal, le dije desde mi ventana.
-Ah, es usted. Si. Es que la primera es a la izquierda.