4 de enero de 2026

El fútbol no se toca

La corrupción de la política enseguida se contagia al periodismo. Son los que están más cerca y a quienes la política se les pega en los dedos como el Fastix. El segundo eslabón son los empresarios y la lista es larga, pero termina en los jueces. Todos se corrompen cuando nadie saca la manzana podrida del cajón, como nos contaron alguna vez en nuestra infancia. La corrupción es un capítulo fundamental del cambio cultural para salir de la crisis centenaria de la Argentina, y no es el efecto sino la causa de nuestra decadencia: durante estos largos años las ideologías han sido una mentira para robarse todo.

Si no, no se entiende porqué es pobre un país tan rico como la Argentina. Si no robaran, viviríamos todos muchísimo mejor. Habría magníficos hospitales para todos; las universidades estarían llenas de premios Nobel; seríamos uno de los países más cultos del planeta; los ancianos tendrían excelentes jubilaciones; las fuerzas armadas estarían realmente armadas; daría gusto viajar en transportes públicos; o en buenos carros y por una infraestructura sobresaliente de vías de comunicación...

En estas semanas los periodistas han descubierto –como si no lo supieran antes– que la Asociación del Fútbol Argentino es lo más corrupto que hay. Los partidos se amañan para ganar apuestas multimillonarias, las entradas nunca se venden porque se revenden más caras y se usan para lavar dinero, los árbitros también se compran y las copas se regalan. A Rosario Central le dieron un campeonato sin que haya ganado nada: se inventaron el campeonato, la copa y la fiesta... todo.


La conducción de la AFA responde a Sergio Massa, el político todoterreno que en 2023 intervino el gobierno de Alberto Fernández cuando estaba en caída libre: fue un golpe auspiciado por los mismos que pusieron a Fernández. Le dieron a Massa el ministerio de Economía con plenos poderes sobre todo el gabinete. Con emisión desenfrenada de moneda gastó miles de millones para ganar las elecciones presidenciales de 2023. Pero se quedó con las ganas. En 2024, ya con Milei de presidente, algunos integrantes de la conducción peronista intentaron un golpe institucional para acabar con su gobierno. Lo hicieron todo antes de las elecciones que cambiarían la mayoría en el Congreso a fines de octubre. Sabían que si Milei ganaba, quedaban afuera de toda posibilidad de volver al poder por unos cuantos años. A esas alturas Milei ya no conseguía sancionar leyes y tampoco vetar las que el Congreso le estaban promulgando en contra, con la idea de provocar gasto, inflación, descontento, manifestaciones, líos en la calle: peronismo de manual. Entre otras cosas, un canal de streaming, propiedad de un alto personaje de la AFA, destapó en esos días un supuesto caso de coimas con los fondos destinados a las medicinas para discapacitados que administra una agencia nacional cuyo director era cercano a Milei.

Massa está en el vértice del abanico de todos los negocios sucios que se pueden hacer con el fútbol. Ahora el presidente contraatacó y el periodismo lo está triturando sin piedad. El fútbol no se toca.