La palabra

El martes 30 de junio la selección argentina paseó a la de Paraguay en una de las semifinales de la Copa América.

Los diarios de Asunción de ese día anticipaban en sus tapas que su selección albirroja estaba preparada para darle el gran pesto a la albiceleste. Fotos a toda página de los jugadores, títulos pasados de tono, referencias a la Guerra de la Triple Alianza porque Uruguay y Brasil ya estaban afuera y ahora le tocaba a la Argentina… Hay que decir que los paraguayos venían agrandados después de ganarle a Brasil en cuartos. Y aquí permítanme recordarles –mientras hago pito catalán– que le ganaron por penales al equipo que el año pasado perdió 7 a 1 en su Mundial y que a ese Mundial Paraguay ni siquiera clasificó.


Después vino el 6 a 1. ¿Y sabe lo que hicieron los diarios ABC Color y Extra de Asunción al día siguiente de la derrota? La ignoraron en sus portadas como si el partido no hubiera ocurrido. Ese día la Copa América dejó de existir. Tampoco apareció en los diarios del sábado 4 el triunfo de Perú sobre Paraguay por el tercer puesto, ni siquiera en Última Hora, el diario que sí reconoció en su portada la derrota de Paraguay ante Argentina. No informaban de la noticia que el día anterior consideraban la más importante de la jornada.


Esta actitud de los diarios paraguayos es paraguaya pero también muy latinoamericana. El 30 de junio de 2005 el diario deportivo Olé de Buenos Aires publicó su tapa en negro con un post-it que decía que por errores técnicos no habían podido imprimir la portada. El día anterior la selección había perdido 4 a 1 contra Brasil por la Copa de las Confederaciones y River Plate fue eliminado de la Libertadores por el San Pablo. Un filósofo diría que es una disociación entre los hechos y los relatos, pero yo prefiero llamar por su nombre a este defecto deleznable: es poco respeto por la palabra.

La realidad ocurre aunque no la queramos ver y las palabras deben expresarla cabalmente. Ignorar lo que nos sale mal diciendo una cosa por otra solo sirve para que nos siga saliendo mal. Los errores no dejan de existir porque no los reconozcamos, o dicho de otro modo: solo reconociendo los errores somos capaces de corregirlos. Y este no es un mensaje para los paraguayos que prefirieron ignorar la derrota: es para todos nosotros, pero sobre todo para los que nunca se equivocan, que cada vez son más.


No vamos a ninguna parte si las palabras no expresan la realidad. Y vamos para atrás si no cumplimos lo que decimos. Además ganar o perder un partido o un campeonato no es el fin del mundo ni nada que se le parezca. Hoy estamos igual que cuando todos pensaban que los argentinos iban a ganarle a Chile por goleada en la final de la Copa América. Es una estupidez entristecerse por un partido de fútbol: en todos los deportes son muchos más los que pierden que los que ganan y siempre hay otra oportunidad.

Pero que lindo es ganar…