Los idiotas de la tierra plana


Durante la primera semana de marzo de 2019 se reunieron en un quincho de la ciudad de Colón (provincia de Buenos Aires), unas 30 personas que creen que la tierra es plana. Había unos cuantos argentinos a los que hay que sumar dos catalanes, un chileno y un paraguayo. Lo del quincho no es un chiste: el lugar de la reunión fue el cobertizo para asados de un club de la localidad. En las fotos más panorámicas de la reunión aparecen no más de 30 personas, entre las que hay que contar algunos periodistas que inexplicablemente fueron a cubrir esta tontería. Es que en esos días la reunión de los terraplanistas salía en todos los canales de televisión de Buenos Aires y en todos los diarios y programas de radio. Lo curioso es que ninguno de los periodistas decía que son cuatro gatos afiebrados convencidos de que desde la época de Ptolomeo hay un inmenso complot internacional para engañarnos a todos y son falsos hasta los eclipses. Los periodistas asistieron a la reunión y tomaron entrevistas como si se tratara de un congreso de cardiología. No importa ahora rebatir los argumentos estúpidos de los terraplanistas porque intentarlo nos pondría a su altura, como se pusieron los periodistas y los medios que dedicaron espacio y tiempo a esta imbecilidad.

Casi al mismo tiempo el periodismo mundial dio otra noticia, esta vez muy seria, de la primera fotografía de un agujero negro del espacio: un lugar del universo con tal concentración de materia que produce una gravedad extrema, casi infinita, capaz de chuparse como un inmenso inodoro todo lo que hay cerca: galaxias, planetas, estrellas… hasta la luz. No me pida más explicaciones, sólo el consuelo de que no hay ninguna posibilidad de que la tierra caiga en uno de esos inodoros del hiperespacio durante los próximos 4.000 millones de años.

Si comparamos la tierra y nuestra existencia con el resto del universo, somos apenas una pizca de polvo de esas que solo vemos porque reflejan la luz de la ventana. La tierra y el sistema solar no son nada comparados con todo el universo y estamos lejísimos todavía de saber siquiera hasta dónde llega. Sabemos que está en expansión si aceptamos el big bang, que es la más probable de todas las teorías que han intentado explicar de dónde viene el universo, con el vértigo de saber que alguien tiene que haber provocado esa explosión de una partícula ínfima donde estaba contenida toda la materia. Los científicos calculan que esto ocurrió hace unos 13.800 millones de años y también calculan que en algún momento el universo dejará de expandirse para volver a reunirse y llegar al punto primigenio del que surgió. Los locos que se reunieron en Colón aparecen a cada rato en la historia. Son gente que no puede concebir que pasen cosas importantes sin que estén ellos presentes. Siempre, en todas las generaciones, hubo quienes predijeron la cercanía del fin del mundo, igual que habrá gente que sostenga estupideces con tal de aparecer en los medios y ser protagonista. Esos son los terraplanistas de hoy en día, pero hay cientos de nombres para la imbecilidad humana a lo largo de la historia. No vale la pena ni mencionarlos... aunque yo mismo esté cayendo ahora en la trampa de los ególatras que no pueden vivir sin llamar la atención de sus congéneres con cualquier estupidez.

Justo en Colón y también en el año en que se conmemoran los cinco siglos de la gesta de Hernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y los valientes navegantes que el 10 de agosto de 1519 zarparon de Sevilla en cinco naves para dar la vuelta al mundo. Lo lograron 18 de los 239 tripulantes que zarparon. Sabían ya de sobra que la tierra era una esfera y conocían de latitudes y longitudes como para no perderse: salieron a buscar un paso entre lo que hoy llamamos Atlántico y Pacífico, para llegar a las islas de las especias por el lado español del tratado de Tordesillas que dividía en dos el planeta. Pero el viaje resultó más largo y penoso de lo que se imaginaban, así que decidieron volver desde las actuales Filipinas por el camino más conocido, aunque tuvieran que hacerlo escapando de los portugueses. Llegaron de vuelta a Sevilla el 8 de septiembre de 1522, gracias a la suerte, al dulce de membrillo y al clavo de olor. Fue así como estos héroes del siglo XVI dieron por primera vez la vuelta entera a la redondez de la tierra.