14 de febrero de 2021

Pragmatismo político


El domingo pasado hubo elecciones generales en Ecuador. Se presentaron 16 candidatos a presidente y vice, algunos de ellos sin el soporte de un partido político orgánico, por lo menos en el sentido que en la Argentina conocemos a estas agrupaciones.

Cuatro candidatos se llevaron 87,51 % de los votos y el resto se distribuyó entre los doce restantes, de los que solo uno llegó al 2 % y siete no alcanzaron ni el 1 %. Todavía hay que contar voto por voto las mesas observadas, pero ya está súper claro el ganador: Andrés Arauz, con el 32,7 % de los votos. Lo siguen, cabeza a cabeza entre ellos, Guillermo Lasso y Yaku Pérez con el 19,74 % y el 19,38 % respectivamente; una diferencia de 33.656 votos: el típico empate técnico, que esta vez no involucra al primero pero tampoco lo deja tranquilo.

Arauz es el candidato de la coalición que cobija al llamado socialismo del siglo XXI, de Rafael Correa, quien fuera presidente del Ecuador durante más de diez años y hoy está prófugo de la justicia con una condena de prisión por cohecho agravado. Lasso es un banquero de Guayaquil –aliado esta vez con el Partido Social Cristiano– que enfrentó al actual presidente, Lenín Moreno, en las elecciones de 2017 y perdió por muy poco con serias sospechas de fraude. Pérez es el candidato de Pachakutik, el movimiento indígena, que por primera vez no va aliado con otra fuerza política, que solía ser la ganadora precisamente por el caudal de votos indígenas... y también fue más de una vez la causa de la caída del presidente al retirar su apoyo a la alianza gobernante.

Con estos números, Arauz tiene que revalidarse en las urnas el próximo 11 de abril contra quien resulte segundo en el conteo voto a voto, que esperan se conozca esta semana.

Los votos sumados del segundo y el tercero le ganan ampliamente al primero, así que se supone que el candidato de Rafael Correa esta vez no ganará la segunda vuelta si el segundo y el tercero deciden hacerle frente juntos; cosa que puede parecer bien curiosa porque se trataría de un pacto entre el movimiento indígena y un banquero de corte conservador, sostenido por la derecha ecuatoriana. Digo que puede parecer porque Yaku Pérez y Guillermo Lasso ya se aliaron en contra del candidato de Correa en la segunda vuelta de la elección de 2017. El viernes ambos candidatos se reunieron en la sede del Consejo Nacional Electoral y decidieron revisar una por una todas las actas electorales de la provincia de Guayas (Guayaquil) y el 50 % de otras 16 provincias de las 24 que tiene el país. El candidato ganador será el que digan los votos bien contados, pero todavía falta la reunión en el café de la esquina para saber si los une el amor o el espanto: pragmatismo político en estado puro.

Al que salió primero le convendría que el segundo y el tercero se peleen; y al segundo y el tercero les viene mejor pactar una alianza que les permita ganar juntos la segunda vuelta el 11 de abril. Para eso deben encontrar los puntos en común y olvidarse de algunas diferencias. Es cierto que los une el rechazo visceral a la Revolución Ciudadana de Correa, pero sobre todo, y como ha propuesto el candidato de Izquierda Democrática Xavier Hervas (el que salió cuarto con el 15,7 % de los votos), se trata de un pacto entre las fuerzas que el domingo pasado sumaron 55 % de los sufragios con el fin de salvar la democracia en el Ecuador. Pero para pactar hay que ceder; unos y otros tienen que encontrar la fórmula que los incluya en un proyecto común: un empresario conservador que gobierne orientado a los más necesitados y con una mirada decidida hacia los pueblos originarios.

Ya se sabe que los votos no son propiedad de nadie y que por tanto no se negocian ni se trasladan, así que habrá que esperar al 11 de abril, a ver qué decide el pueblo ecuatoriano. Mientras, podemos aprender la lección inesperada de pragmatismo político de sus candidatos.