El puente de Roque González


El 25 de marzo de 1615 Roque González de Santa Cruz fundó la misión de la Anunciación de Itapúa en un cerro de basalto, que en ese lugar obliga al Paraná a dar una vuelta casi completa. Poco después, por razones que todavía no están muy claras, el mismo fundador trasladó la misión a la otra orilla del Paraná, pero entonces la llamó Nuestra Señora de la Encarnación. Los lectores sagaces ya saben que Anunciación y Encarnación son dos palabras distintas para referirse a la misma realidad, que ocurrió, digamos, el 25 de marzo del año 0, exactamente nueve meses antes del nacimiento de Jesucristo. Cuenta San Lucas que ese día el Arcángel Gabriel le anunció a la Virgen María que sería la Madre del Salvador y en el momento que María aceptó su misión, el Hijo de Dios se encarnó en sus entrañas.

La historia de ahora cuenta que siempre quedaron algunos pobladores en la margen izquierda del río, cosa muy probable aunque sea incomprobable. Pero aunque no hubiera quedado nadie, siempre fue una misma ciudad que hoy se llama Posadas en la orilla izquierda y Encarnación en la derecha. Para más datos, Roque González ahora es santo: lo canonizó Juan Pablo II en 1988 en Asunción junto con sus dos compañeros, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Encarnación y Posadas tienen el mismo origen, la misma historia y el mismo destino. No son dos ciudades hermanas como hay tantas en el mundo; ni siquiera mellizas o gemelas: son la misma ciudad, cruzada por un río que tiene por desgracia una línea de rayas coloradas en los mapas.

El 25 de marzo de 2015 Posadas y Encarnación cumplirán 400 años. En un país que no llega todavía a los 200 de su independencia significa por lo pronto que han pasado más tiempo de su historia juntas que separadas. Fue recién después de la Guerra del Paraguay, en 1870, que el límite entre los países quedó fijo en el medio del río. Serán 400 años de esta realidad urbana llamada Posadas y Encarnación, con el Paraná represado en el medio y un puente que no merece el nombre del fundador porque las separa en lugar de unirlas. La culpa es de los muchachos de Migraciones, de Gendarmería, de la Policía y de la Aduana que podrían estar varios kilómetros tierra adentro y dejar vivir en paz a posadeños y encarnacenos, como en el sueño de San Roque González de Santa Cruz.