Concepción de la Sierra


Hay ciudades cuyos nombres se repiten por toda nuestra América, con mayor o menor suerte ya que sus fundadores no sabían si llegarían a ser grandes urbes, se quedarían en pueblos o quizá hasta desaparecieran. Algunas son tantas que hay que decir el apellido para distinguirlas, como Santiago de Chile, Guayaquil, Santiago de Cuba, Santiago de los Caballeros, Santiago de las Misiones, Santiago del Estero… todas hijas de Santiago de Compostela, en Galicia.

Así cundieron los nombres repetidos, producto de nostalgias de su misma tierra o de las devociones, también repetidas, de españoles y portugueses. Pasó con santos como José, Juan, Pedro o Pablo; los españoles Isidro o Fernando; y, por supuesto, con los distintos nombres de la Virgen María, como Mercedes, que solo en la Argentina comparten las provincias de Buenos Aires, San Luis, San Juan y Corrientes; o Dolores, en Buenos Aires, Córdoba, Catamarca y Santa Fe. Nuestra América está sembrada de Santamarías, Pilares, Rosarios, Loretos, Asunciones, Encarnaciones... todas advocaciones o misterios relacionados con la Madre de Jesús.

Las que se llaman Concepción son unas cuantas, en la Argentina y en América, y todas llevan también apellido para distinguirlas de sus tocayas. Pero el nombre de Concepción tiene su curiosidad particular: los conquistadores que las fundaban estaban haciendo un lobby descarado a favor de la Concepción Inmaculada de la Virgen María (que nació sin pecado original), un dogma que la Iglesia recién declaró en 1854. En la Argentina se cuentan, fácil y de memoria, Concepción del Uruguay (Entre Ríos), Concepción del Yaguareté Corá (Corrientes), Concepción de Tucumán, Concepción del Bermejo (Chaco), Concepción de Capayán (Catamarca), Villa Concepción del Tío (Córdoba) y Concepción de la Sierra en Misiones.

La historia empieza 235 años antes del dogma, el 8 de diciembre de 1619 cuando a san Roque González de Santa Cruz se le ocurre fundar una reducción de guaraníes junto al arroyo Arecutai (hoy Las Tunas) en la sierra del sur de la actual provincia de Misiones.

Con ojos de hoy puede parecer medio loco eso de civilizar a los indígenas, si civilizarlos consistía en ponerles ropa y convertirlos al cristianismo. Le sugeriría que intente vivir desnudo en la selva y que practique la violencia hasta la antropofagia, a ver cómo se siente. Los guaraníes vivían aterrorizados por la misma naturaleza y vivían poco. Podemos discutir sobre esto hasta cansarnos, pero lo que no se discute es que si no fuera por los misioneros jesuitas, probablemente hoy la provincia argentina de Misiones sería un estado de Brasil, se llamaría Bandeirantes y no existiría el mate ni el tereré.

La reducción fue abandonada por los jesuitas en 1767, cuando la expulsión. Lo que quedaba del pueblo fue incendiado y destruido el 29 de enero de 1817 por una división del comandante luso brasileño de las Misiones orientales, Francisco das Chagas Santos.

El 27 de septiembre de 1877 resurgió para erigirse como pueblo agrícola de la provincia de Corrientes, conservando su antiguo nombre y en el mismo emplazamiento de la antigua misión. Como testigos quedan en la plaza el cabildo de piedra y –avanzando sobre la plaza y abarcando completa la iglesia actual– los cimientos de la más grande de todas las iglesias de las misiones del Guayrá: medía 90 metros de largo por 40 de ancho.


Hasta junio de 2019 el antiguo cabildo de la misión y el solar sobre el que se asentaba pertenecían a los descendientes de Clodomiro Márquez, que entre 1930 y 1940 ocupó esa propiedad y construyó una casa aprovechando los materiales, las paredes y las puertas del antiguo Cabildo. Lo sucedieron sus hijos y nietos, que mantuvieron esas piedras en pie, igual que la Virgen sin Cabeza que adornaba –con cabeza– la fachada de la antigua iglesia de la misión. En 2018 comenzaron las negociaciones del intendente Carlos Pernigotti con la familia Márquez para traspasar la propiedad del inmueble al municipio. Por fin, en junio de 2019 juntó las voluntades de los dueños para venderlo y la plata de la provincia para pagarles. Ahora el antiguo cabildo de la misión es propiedad del municipio y proyectan instalar allí el museo jesuítico de la localidad, coincidiendo con el 400 aniversario de la fundación de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Ibitiracuá.

El caso del Cabildo de Concepción prueba que se puede y se debe recuperar el patrimonio mueble e inmueble de las antiguas misiones que dan nombre e identidad a la provincia. Es un trabajo arduo y minucioso que se debe realizar con constancia y método. Hay restos de las misiones en el Complejo Museográfico Enrique Udando de Luján, en el Histórico Nacional de Parque Lezama, en el servicio Penitenciario Federal que mantiene a duras penas la antigua reducción de Candelaria… y en propiedades particulares que sin ninguna mala intención usaron las antiguas reducciones abandonadas como canteras de materiales para construir casas, galpones y hasta piletas de natación.

El hecho de que una localidad de la Argentina cumpla 400 años no es poca cosa. Más raro todavía es que la ciudad haya sido fundada dos veces. Y no le digo nada si la primera vez fue fundada por un santo… Bueno, lo curioso es que Posadas tiene el mismísimo privilegio, aunque sus 400 años pasaron sin pena ni gloria en 2015. Igual que Concepción de la Sierra, Posadas fue fundada como la reducción de la Anunciación de Itapúa por san Roque González el 25 de marzo de 1615, trasladada seis años después a la otra costa del Paraná como Encarnación de Itapúa. En la Guerra Grande fue asentamiento de las tropas paraguayas y luego brasileñas. Fue así se que llamó Paso de Itapúa, Trinchera de los Paraguayos, Trinchera de San José, Puerto de San José y por fin Posadas en homenaje de la Legislatura de Corrientes al Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas, quien anexionó esta parte del territorio de las antiguas misiones a la provincia de Corrientes. Lo curioso es que en Posadas no hay ni una miserable placa que recuerde a don Gervasio.