27 de septiembre de 2020

Dinamitar el puente

La larga cuarentena de 2020 ha evitado la fuga mensual de 10.000 millones de pesos desde Misiones a los países vecinos. Fuga es un modo de decir, porque si nadie lo evita tampoco alguien se está fugando, pero tuvo que venir la pandemia con su cuarentena y cierre de las fronteras para sumar estos números al comercio de Misiones: lo que nunca pudo evitar la aduana lo evitó el coronavirus y, como suele ocurrir, no hay mal que por bien no venga. La fuente del dato es la Agencia Tributaria de Misiones, que discrimina el comercio minorista con un incremento de 6.500 millones de pesos y el mayorista con los 3.500 millones restantes.


Da para pensar que la solución es cerrar definitivamente las fronteras de Misiones con Paraguay y Brasil. Y, por supuesto, habría que volar el puente San Roque González que une Posadas con Encarnación, por ser la principal vía de escape de ese dinero hacia el Paraguay. Sin dudas sería una solución y un gran espectáculo, pero también sería volver al siglo XIX... Digo que no parece muy viable y también que junto con la alegría por los buenos datos para el comercio de Posadas, el de Encarnación sufre una malaria sin precedentes y se quejan amargamente por el cierre del puente. Hay que decir que el bloqueo fue promovido más radicalmente por las autoridades del Paraguay, que con siete veces más habitantes que Misiones, en sus hospitales tiene la misma cantidad de camas críticas que nuestra provincia.

Las fronteras parecían cosa del pasado en el siglo XXI, pero ahora se han potenciado ante la necesidad del confinamiento, que a su vez es resultado de la carencia mundial de recursos médicos ante la sorpresa de este coronavirus. No sabemos todavía cómo serán en la era de la nueva normalidad, pero descuento que la hermandad y la cercanía promoverán una solución por el lado de la integración. Es que, como anticipaba el domingo pasado, no se trata de fomentar la separación sino de convertir la aparente debilidad de nuestra situación geográfica en fortaleza estratégica de primer orden, dada nuestra ubicación en el mapa sudamericano. Lo está diciendo el gobernador de Misiones casi todos los días: para volver simétricas las asimetrías de la frontera no queda otra que igualar las condiciones de Misiones con las de sus vecinos; y para eso son imperiosos los beneficios impositivos de una zona franca que abarque todo el territorio de la provincia.

Pero hay una vuelta más de rosca para darle al asunto. Se podrían integrar los mercados de Posadas y Encarnación bajo las mismas oportunidades comerciales, como si fuera un solo conurbano en el que circulan dos monedas. Esto implicaría englobar en una sola zona franca común a las dos ciudades y trasladar las fronteras aduaneras hacia las periferias de Posadas y Encarnación, de modo que el río que nos separa empiece por fin a unirnos con pase libre entre nosotros. Un esquema que permitiría convivir tranquilos a posadeños y encarnacenos, que para colmo tenemos una historia común y una hermandad incuestionable. Cada uno con su dinero y sus autoridades, pero sin fronteras, como ocurre en muchas ciudades del mundo donde basta con cruzar una calle para cambiar de nación.

Si los controles migratorios y aduaneros para entrar o salir de Encarnación y Posadas estuvieran en tierra firme en lugar de molestar en el puente y en las costas del Paraná, uniríamos los mercados de las dos ciudades en una zona franca internacional con beneficios impositivos que igualen las oportunidades para todos y que atraigan al comercio y a la industria: un gran free-shop a cielo abierto, con actores de los dos países y de más lejos, como ocurre con la amazónica Manaos. Ya tenemos una autoridad común con sede en ambas márgenes y con injerencia decisiva en la urbanización y desarrollo de las dos ciudades: la Entidad Binacional Yacyretá.

Si lo logramos, los que harán cola ya no seremos los posadeños y encarnacenos en el puente sino los que lleguen a ambas ciudades, a comprar cantidad de mercaderías que hoy ni pensamos vender por falta de compradores.

20 de septiembre de 2020

La península de Misiones

En algo se parecen Misiones y Tierra del Fuego. Tierra del Fuego es una ínsula y nosotros una península. Ellos limitan con Chile y con las corrientes marinas y nosotros limitamos con Brasil, Paraguay y Corrientes... En el resto no nos parecemos nada, pero si hay algo que nos diferencia completamente es nuestra situación geográfica: Tierra del Fuego está en el confín destemplado del Traste del Mundo y nosotros en el corazón caliente América del Sur... Su enclave lejano y frío dio a Tierra del Fuego beneficios impositivos para igualarla con el resto del país. Misiones tiene mejor clima y no queda tan lejos de los grandes centros poblados de la Argentina como Tierra del Fuego, pero sí lo suficiente como para salir perdiendo en la competencia con casi todas las demás provincias.


Misiones limita con los tres estados del sur del Brasil; entre los más ricos después de San Pablo, que no toca nuestra provincia pero está acá nomás. Si calculamos las distancias desde un lugar central de Misiones como Aristóbulo del Valle, encontramos que está más cerca de San Pablo que de Buenos Aires, y mucho más cerca todavía de las capitales de los tres estados del sur de Brasil, y eso que están todas sobre el Atlántico; el resto de Paraná, Santa Catalina y Rio Grande del Sur están todavía más cerca de nosotros. Según datos de 2012, esos cuatro estados del sur del Brasil suman 73.600.000 habitantes, y con Paraguay –que más cerca no puede estar– pasan los 80 millones, casi el doble que la Argentina. Hasta acá los datos incuestionables de la geografía. Solo falta agregar que vivimos pegados a una de las mayores fuentes de energía del mundo.

Así que resulta que Misiones está más cerca del inmenso mercado brasileño que de los grandes centros poblados de la Argentina, y sin embargo desde esos centros de la Argentina es de donde viene casi todo lo que consumimos y hacia donde va casi todo lo que producimos. Nadie se explica por qué no están en Misiones las fábricas de todo lo que exportamos a Brasil. Aviso que puedo ensayar algunas explicaciones, pero también advierto que es difícil hacerlo sin que me quieran fusilar algunos fanáticos, a quienes debería recordarles que estamos hace tiempo adentro del siglo XXI.

La situación geográfica de Misiones no es un factor negativo como puede serlo para Tierra del Fuego. Por el contrario: es una fortaleza imposible de calcular, pero para que sea realmente una fortaleza hacen falta los instrumentos legales, políticos, económicos... estratégicos en una palabra, que lo permitan. La asimetría con Brasil y Paraguay, pero también con el resto de nuestro país debido a las distancias y a la centralidad radial de la Argentina, debe convertirse en igualdad de condiciones para que podamos competir en buena ley.

Pero la igualdad no basta: si queremos tener éxito, a partir de allí debemos abonar las condiciones para que germine el desarrollo y esas mejoras están dadas por el conocimiento, por las comunicaciones y por la inteligencia política para encarar estos desafíos. Es hora de establecer una zona franca, libre de impuestos para exportadores y proveedores, que atraiga las inversiones que generen empleo y hagan crecer las exportaciones al triple del valor actual. Ya es hora de explotar la gran fortaleza que la geografía le regaló a Misiones.

13 de septiembre de 2020

El camino de Belgrano


Todo camino es metáfora de la vida porque la vida es un camino que empieza y se termina en una geografía determinada y debe ser por eso que nos atraen los caminos. Además está comprobado que los humanos pensamos mejor mientras caminamos, y si no pregúntele al viejo Aristóteles de Estagira y su escuela peripatética del siglo IV antes de Cristo. 

Camino por antonomasia es el de Santiago que recorren peregrinos desde hace mil años y deja una marca indeleble en los que lo transitan, tanto que la humanidad se divide entre los que lo hicieron y los que no. Además establece una hermandad peculiar entre quienes alguna vez peregrinaron a la tumba del apóstol en Compostela.

Cualquiera que pretenda recrear el camino que en 1817 siguió el ejército de San Martín por el Paso de los Patos a través de los Andes, no tiene más que contratar una excursión de varias que se ofrecen. Basta con googlearlo para enterarse de esa oferta que suele partir de Barreal, en San Juan. También puede seguir el camino de Gregorio de Las Heras por Uspallata, o cantidad de cruces imponentes que no tienen relación con la gesta libertadora: los Andes se pueden cruzar desde Jujuy a Santa Cruz en auto, a caballo, en mulas, caminado y hasta corriendo y le aseguro que vale la pena.

La Mesopotamia argentina tiene un camino histórico y heroico, anterior al de San Martín y fundador de nuestra nacionalidad. Es el que recorrió Manuel Belgrano con el Ejército del Norte. Pasó por las actuales provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones en los últimos meses de 1810. La expedición partió de San Nicolás de los Arroyos en la provincia de Buenos Aires, pasó por Rosario y cruzó el río Paraná el 16 de octubre de 1810 desde Santa Fe hasta La Bajada, en la actual capital de Entre Ríos. Siguió cerca del Paraná hasta que se topó con grandes ríos que lo obligaron a buscar la divisoria de aguas. Pasó por Santa Helena y bordeando el arroyo Feliciano llegó al Basualdo. De allí entró en Corrientes y encaró la meseta del Pay Ubre. Refundó y bautizó como Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá el rancherío y la capilla del Pilar de Curuzú Cuatiá. Siguió por Mercedes hasta el paso de Caaguazú para cruzar el río Corriente hacia la actual Chavarría. Desde Chavarría subió por la traza actual de la ruta provincial 22 hasta Concepción del Yaguareté Corá.

En cada etapa el Ejército del Norte perdía pertrechos, suministros y hombres que morían o desertaban. También reclutaba nuevos soldados, como el niño Pedro Ríos en Concepción. Desde Yaguareté Corá subió hasta el Paraná, a donde llegó el 1 de diciembre de 1810. Quiso cruzar por la isla Apipé a la antigua misión de San Cosme y San Damián, pero no estaba fácil la cosa por falta de embarcaciones, así que siguió –casi sin desviarse– la traza actual de la ruta 12 hasta Santa María de la Candelaria, otra misión de las que habían sido expulsados los jesuitas en 1767. Belgrano llegó a Candelaria el 15 de diciembre de 1810, pero parte del ejército debió esperar del otro lado del arroyo Garupá porque estaba crecido por las intensas lluvias. Luego de cruzar el Paraná, la expedición persuasiva de Belgrano al Paraguay se abrió paso en Campichuelo y llegó hasta Paraguarí, donde lo enfrentó el gobernador Velasco. A la vuelta fue derrotado en Tacuarí (actual Carmen del Paraná), donde murió Pedro Ríos tocando el tambor.

Cuando pasó Belgrano no había pinos, ni eucaliptus ni torres de alta tensión. El resto está igual: hasta los caminos, los ranchos y las estancias. Ya es hora de que intentemos recrear ese camino, como se ha hecho con el paso de los Andes. Quizá así se nos pegue algo del amor desinteresado a la Patria de don Manuel Belgrano.

6 de septiembre de 2020

La hidrovía


Las ciudades más antiguas –y hoy más grandes– de la Mesopotamia se fundaron y crecieron sobre los ríos navegables, que durante siglos fueron la principal y casi única vía de comunicación y de transporte que bien pudieron llamar hidrovía los adelantados Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Juan de Ayolas o Domingo Martínez de Irala. El tránsito terrestre debía hacerse por las zonas más altas para evitar los bañados y los cruces de los ríos en sus tramos más caudalosos, por eso hasta bien entrado el siglo XX casi todo el transporte, hasta el de ganado, se hacía embarcado por nuestros ríos.

Hasta fines de los años 60 del siglo pasado casi no hubo caminos realmente transitables en toda la región, que recién empezó a conectarse con el resto de la Argentina por una vía terrestre en 1969, con la inauguración del túnel subfluvial entre Paraná y Santa Fé. En 1973 se terminó el puente General Belgrano, entre Corrientes y Resistencia. Y el 14 de diciembre de 1977 se habilitaron al tránsito los puentes de Zárate (Buenos Aires) y Brazo Largo (Entre Ríos), que hoy se llaman Complejo Unión Nacional. Curioso es que la Mesopotamia haya estado conectada antes con Brasil que con el resto de la Argentina, a través del puente que une Paso de los Libres con Uruguayana, habilitado en 1947; este es el único que no fue inaugurado por un presidente de facto, aunque también era general.

El río Uruguay es navegable hasta Concordia en la Argentina y Salto en el Uruguay porque no le hicieron esclusas a la represa de Salto Grande: aunque no usted lo crea no las tiene porque antes de la represa –y como su nombre lo indica– había allí un bonito salto de lado a lado del río. Los constructores razonaron que si antes no se podía pasar por culpa del salto, no había ninguna necesidad de permitir en el futuro el paso de embarcaciones...

El Paraná y el Paraguay son ríos mucho más caudalosos que el Uruguay. Por el mismo motivo que Salto Grande, tampoco tiene esclusas la represa de Itaipú. Así que el Uruguay hasta la presa de Salto Grande, el Paraná hasta la de  Itaipú y el Paraguay hasta Cáceres, en el estado de Mato Grosso, forman una red de vías navegables larguísima y utilísima para el transporte. Ya lo demostraron la historia y los siglos en los que se llegaba a todas nuestras ciudades en barco. Pero ahora surcar los ríos es mucho más fácil que antes, ya que la tecnología de geoposicionamiento satelital permite navegar sin boyas, de noche y hasta con niebla. Además hay sonares y radares para prever obstáculos y bajantes.

Un convoy de barcazas empujadas por un remolcador –de esos que se ven a seguido con bandera paraguaya– puede transportar 24.000 toneladas de carga. Eso equivale a 533 camiones de 45 toneladas. Esos convoyes miden como máximo 290 metros de largo x 60 de ancho y pueden llegar a Posadas, Corrientes, Resistencia, Formosa o Asunción y todos los puertos fluviales situados río abajo. Con menor tamaño y calado llegan sin drama hasta Puerto Iguazú, Ciudad del Este, Foz do Iguaçu; o hasta Cáceres, en el medio de Brasil.

El 80% de la producción argentina que sale al exterior lo hace desde algún puerto del Paraná y casi todos los de gran movimiento están emplazados cerca de Rosario. Solo hace falta conectar esos puertos con los del norte para transportar la producción desde los puntos más lejanos y transbordarla en los puertos de más movimiento, a los que llegan barcos de gran calado. 

Una hidrovía es una autopista fluvial que abarata los costos del transporte y despeja las rutas de camiones de largo alcance. Mejora el trasiego de mercancías y el mantenimiento de los caminos. Pero además no se pierden puestos de trabajo entre los choferes de camión; al contrario, hace su tarea más humana ya que aumentan los recorridos pero hacia lugares más cercanos.