ADD

ADD es la sigla de Attention Deficit Disorder, que en castellano se puede llamar Trastorno por Déficit de Atención, TDA, o algo parecido. Así que los que tienen ADD son unos desordenados o trastornados, según como se mire. Nadie me lo diagnosticó pero estoy seguro de padecer desde mi infancia el trastorno de los distraídos: no me acuerdo de lo que comí hace 20 minutos; no aguanto ni cinco en una reunión y pierdo rápido el hilo de cualquier presentación. Me olvido de las películas en cuanto terminan y cuando aparece una nueva temporada de una serie tengo que volver a ver completas las anteriores si quiero saber de qué va la cosa…

En una reunión importante me llegan tres mensajes seguidos de WhatsApp: “Hola”; “Buenos días” y “Hay un problema”, y sigue un largo mensaje de voz que no estoy en condiciones de oír si no quiero quedar en evidencia. De repente uno de los asistentes hace una pregunta para mi sector y ¡zas!… me descubre pensando en cuál será el problema explicado en la grabación que no puedo oír. Tampoco sé ahora de qué estamos hablando en la reunión… y en cualquier momento no voy a saber qué estaba escribiendo en esta columna.

El ADD universal es el resultado de la irrupción de todo el mundo en todo del mundo. Estamos tan conectados que participamos a la vez de una reunión familiar y de las reuniones familiares de todos nuestros amigos. Vemos un partido de fútbol por televisión en casa, pero lo comentamos con tres millones de personas que están tuiteando en ese momento sobre el partido. Atendemos a la vez a dos pantallas y nos perdemos un gol porque estamos diciendo que es un tronco justo el que hizo el gol que nos perdimos; pero no nos importa perdernos el gol ni decir una estupidez: lo vemos dentro de dos segundos filmado por 5.233 espectadores que están en el estadio y lo grabaron en sus móviles desde todos los ángulos posibles. Pasamos de Twitter a Facebook y de Facebook a Instagram. En uno decimos una cosa y en otro decimos otra. En Twitter podemos tener una personalidad y en Instagram otra. Podemos ser a la vez el Coronel Cañones y la Doctora Bisturí y hasta podemos pelearnos con nosotros mismos a la vista de mil millones sin que nadie sepa que somos la misma persona y que la pelea es más falsa que un diente de madera.

La interconexión de la humanidad es de las cosas más geniales que nos están ocurriendo. El mundo al alcance de la mano y también nuestra familia y nuestros amigos, estén donde estén: ya no hay bienvenidas ni despedidas, ni estamos más gordos ni más flacos porque sabemos todo de antemano: no son novedad ni los cortes de pelo. Pero advierto que cada vez será más difícil la concentración, absolutamente necesaria para cualquier estudio, análisis o investigación serios. Y si seguimos desordenados por la distracción, podemos terminar en una sociedad de trastornados... o de distraídos.