Malecón

Viajaba con tiempo desde el hotel Comodoro a La Habana vieja una mañana de diciembre, ya cerca de la Navidad. Me bajé del taxi en El Vedado, con la idea de caminar el resto del trayecto por el malecón, con el mar a mi izquierda y la ciudad a mi derecha. Andaba despreocupado por encima del borde de piedra. Miraba las casas desbaratadas y el mar, que ha ratos se acerca hasta el muro y a ratos se enmaraña en las piedras de la costa.

Hay gente siempre y por todos lados. No turistas: cubanos que parece que no tienen nada que hacer. También iban y venían por encima del muro o lo cruzaban para meterse en el mar o pescar algo en las rocas.

Debía creerme uno de ellos cuando se me puso a la par un moreno que parecía campeón de 100 metros llanos:

Tú no sabe loquéh una cubana aldiente n la cama.
No me interesa, le contesté.
Etonse tú quiele un cubano aldiente n la cama...