19 de septiembre de 2021

Sobrecarga de WhatsApp


WhatsApp tiene dos opciones para integrar colectivos de personas en comunicaciones grupales: las listas de difusión y los grupos de chat; los dos incluyen, como máximo, 256 participantes. En las listas de difusión solo habla el que manda los mensajes, llamado administrador. Los grupos de chat, en cambio, son de ida y vuelta: todos pueden hablar porque son una conversación (un chat). Como es lógico, las listas sirven para situaciones muy diferentes a los grupos y son ideales cuando la comunicación debe ser unilateral porque basta con un solo emisor de los mensajes colectivos. Los chats, en cambio, son multilaterales: todos pueden participar con sus aportes, sus datos y sus opiniones. Esta columna es sobre los grupos de chat y algunos de sus participantes.

La historia puede ser así y puede repetirse en situaciones infinitas: gracias a la feliz idea de uno de ellos, los padres de los alumnos de tercer grado arman un grupo de WhatsApp para pasarse noticias sobre sus hijos y el colegio. Feliz idea, digo, porque el grupo se convierte en una charla a distancia sobre intereses comunes. Lo mismo pasa con grupos familiares, de colegas, compañeros de trabajo, alumnos y exalumnos, barras de amigos, consorcios, vecinos del barrio preocupados por la seguridad, deportes en equipo... Hay para todo, pero muchos de ellos ya son imprescindibles, tienen un fin determinado y cada vez estamos en más, con la natural sobrecarga por tanto grupo. Sirven para mantener o prolongar una conversación y el tema es el que se ha establecido de antemano. Son útiles porque ahorran tiempo y facilitan la comunicación necesaria.

Como son una conversación continuada, no hay ninguna necesidad de saludar cada vez que se entra y si uno saluda no hacen falta 132 respuestas al saludo. Para felicitar por los cumpleaños están los mensajes privados, pero se entiende que alguien prefiera hacerlo en el grupo: en ese caso no es obligación que los 47 integrantes feliciten ensayando cada uno un mensaje más original que el anterior. Lo mismo con los agradecimientos: 89 gracias son un poco mucho, aunque sea con emojis de aplausos o de pulgares para arriba. Otra cosa: a los grupos mejor mandar textos que mensajes grabados; por la brevedad, pero sobre todo porque es imposible recordar el contenido de esos mensaje y en lugar de verlos de un pantallazo hay que volver a oírlos enteros cada vez, con sus saludos y sus frases inútiles y repetidas.

Pero además, en todos los grupos hay uno, dos, tres integrantes –que hoy me van a tildar de argel– que no se pueden contener y mandan opiniones políticas, chistes, consejos saludables, pornografía... Así, en el grupo de padres de tercero, el 25 de mayo uno sube una grabación de 16 minutos con el himno nacional cantado por un coro de mudos; otro día aparece un video que muestra cómo quedaron los corderos que mató un puma en La Pampa; después viene el de las gorditas haciendo strip-tease; un chamamé en el festival de Cosquín; los Simspon con diálogos sobre la actualidad económica; memes de políticos diciendo incongruencias; chistes sobre el alcohol que tomamos; sobre lo viejos que estamos; sobre maridos, mujeres y suegras; fotos de parrillas repletas y selfies de los que se están comiendo el asado... Todos los mensajes van con sus respectivos aplausos, pulgares, botellas que hacen ¡pum!, tortas, brindis y cañitas voladoras.

Este es un llamado a la solidaridad: si tiene que mandar un mensaje personal a uno de los integrantes del grupo, mándeselo directamente; los demás no tienen por qué enterarse. Pero sobre todo respete a rajatabla el fin de cada grupo. Intervenga solo cuando sea necesario y sea breve y conciso. Tenga en cuenta que cada uno de los interlocutores entenderá su mensaje de un modo distinto, y cuanto más largo y complicado, más equívoco será el mensaje.